¡Qué tristeza amarga , oh Señor!
¡Qué tristeza amarga, oh Señor!
¿Se ha cerrado mi puerta
a la alegría?
Pues fiel a Tí, creía
que yo vivía.
¡Qué tristeza dulce, oh Señor!
¡Qué tristeza dulce, oh Señor!
Creía que no iba a cambiar
lo que yo sentía.
Pero ahora veo, que de un cardo
tu puedes sacar una vivencia
pura y alegre
¡A Ti me entrego, oh Señor!
A Ti voy con mis carencias.
Para que Tu las llenes
de benevolencia.
ADRIÁN PRUNOTTO
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